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TRABAJO FINAL. SEMINARIO DE ESTUDIOS CULTURALES, CALI 2010 |
Hacia una articulación del proyecto de renovación urbana Ciudad Paraíso Esta página, contiene elementos que constituyen un análisis del discurso oficial que subyace al proyecto de renovación urbana llamado Ciudad Paraíso. Para esto, se escogieron dos fuentes principales, la primera es una revisión de prensa del periódico EL País y la segunda es un programa de televisión llamado El Ágora: Espacio de encuentro, que fue transmitido a mediados de septiembre del presente año por el canal Telepacífico. La dinámica que usted deberá explorar, tiene varios componentes, al lado izquierdo se encuentra el resultado de la revisión de prensa del periódico El País. (Haciendo clieck en cada fecha se despliegan las imágenes de prensa, con subrayados de frases y expresiones específicas) en la lupa, se encuentra la explicación de dicha revisión. Además hay otros enlaces para acceder a los demás componentes del análisis. |
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REVISION DE PRENSA La revisión de prensa (El País), comienza desde el mes de septiembre de 2009 y termina en octubre de 2010. La decisión del momento de inicio se basó en una noticia de la página de la Alcaldía llamada “Inicia el proyecto Paraíso” el día 15 de septiembre de 2009. Los criterios de escogencia de las noticias fueron: la mención del centro de la ciudad (específicamente el barrio El Calvario) y la mención de proyectos asociados a la renovación urbana en el mismo lugar. Así, se logró establecer una temporalidad específica, en la cual hay dos meses (Abril y Junio de 2010) en los que no hay ninguna noticia referida a los temas mencionados. Se puede establecer una correlación entre los eventos mencionados, las temporalidades y la paulatina introducción de la noticia de la renovación del centro y su transformación hasta el mes de octubre. El reportaje como la primera noticia (en septiembre), corrobora un imaginario que se tiene con respecto a El Calvario como lugar asociado al miedo, al asco, a la violencia, deterioro, etc. El reportero que se camufla y vive en carne propia el flagelo de lo que se asume “la muerte en vida”, realiza un detallado informe que caracteriza El Calvario como un mundo de la indigencia, la prostitución infantil, la adicción a la droga y los altos índices de violencia. El balance es desolador, al plantear que la vida en esas condiciones es tan dura que el mismo reportero difícilmente puede soportarlo durante su corta instancia allí. Este reportaje, (cuyo éxito lo hace merecedor del Premio de Periodismo Alfonso Bonilla Aragón), abona el campo que posteriormente (al día siguiente) es retomado institucionalmente a partir de un censo como un problema, que es necesario intervenir, en este caso, la Secretaría de Desarrollo Territorial y Bienestar Social, asume una inversión para de este sector, en el que se destina un presupuesto para hogares de paso. Posteriormente, en octubre, se menciona por primera vez el proceso inicial del proyecto de renovación, al pedir la presencia de un gerente que se encargue de la coordinación del proceso. La noticia que aborda el estado de las edificaciones, en el mes de noviembre si bien no muestra una clara una relación con la renovación, en el pie de foto dice “El el centro de Cali, barrios como Sucre, El Calvario, San Pascual, entre otros, serán sometidos a un proceso de renovación urbana. En el proyecto se invertirán más de US$ 80 millones.” Y no solo esa mención refiere a la renovación; también existe un discurso frente al peligro y al riesgo de colapso que, siendo un “misterio”, no se sabe con claridad cuándo puede pasar. Este tipo de aseveración frente a la inestabilidad y riesgo, también parece una buena introducción el tema de la renovación, posibilitando su justificación como consecuencia lógica desprendida del vetusto estado de las edificaciones. En el mismo mes, se presenta a las Empresas Municipales de Renovación Urbana (EMRU), como un “comodín” de contratación, ya que ésta empresa realiza múltiples contratos que no tienen que ver directamente con proyectos de renovación, sin embargo, la opinión del gerente interventor es que la empresa se presenta como un buen puente para concretar obras del municipio. La relación de la campaña decembrina con respecto a los niños de El Calvario puede relacionarse con el impacto que puede haber tenido el reportaje de tono lastimero del mes de septiembre, en un ciudadano común, al saber que la prostitución infantil es el pan de cada día en aquel lugar. Esto plantea también, que si bien no está promulgada por el proyecto de renovación, al menos se supone cierto nivel de preocupación frente a esta población. En enero, se asoma una y otra vez la misma tragedia ocasionada por la repartición de una natilla envenenada entre los habitantes de El Calvario. El resultado: varias personas muertas y muchas intoxicadas. A esta misma noticia se le dedican siete publicaciones, entre ellas un informe especial llamado “El amargo sabor de la natilla”. También se anuncian recompensas por información sobre los causantes de la tragedia, y se habla de la posibilidad de tratarse actos de limpieza social, aunque asumen que no hay elementos contundentes que permitan asegurar dicha aseveración y dicen que se trata más bien de actos de intolerancia. El día 13, se menciona el proyecto de renovación, y el gerente asegura que a la gente “vulnerable” no se la va a desplazar y que será tenida en cuenta en un programa de inclusión social. Luego, tras las diversas noticias sobre el envenenamiento, el 16 se menciona que se van a comprar los predios para la construcción de la fiscalía. El mes de febrero es considerado “crucial” para adelantar el proceso de compra de predios y se anuncia el comienzo del proceso de conversación con propietarios, comerciantes y residentes del sector. Se comienza a anunciar este proyecto de renovación como un hito que transformará la historia de la ciudad. El 4 de marzo, también surge una publicación que tiene por objeto explicar el procedimiento de la renovación, en su etapa inicial. El 11 de marzo, presenta una leve ruptura con el tono y contenido de las noticias destinadas a abordar el tema de la renovación. Ese día se publica una nota (pequeña en relación con las anteriores), que presenta la reivindicación de un grupo de comerciantes que arguyen no haber sido tenidos en cuenta en el proceso y desmienten la socialización acerca de su salida del sector. Frente a esta situación, el gerente de la EMRU asegura que por el contrario sí ha habido socialización, pero que frente al clima electoral, se han postergado algunos procesos. Posteriormente, el 21 de marzo ya se percibe una clara transformación en el tono con que se refiere al proyecto. Desde el mismo título “Por fin se acabará el Calvario de Cali” se vislumbra la manera en que se asume el sector como un “cáncer”, un lastre que ha venido cargando la ciudad. El mismo periódico subraya el beneficio que se dará a los inversionistas (exención del impuesto predial e industria y comercio por diez años y congelamiento del estrato uno), y advierte una posible expropiación a quienes se nieguen a negociar. Por otro lado, también se plantea una postura distinta, acerca de quienes albergan dudas con respecto a la indefinición de su destino. Se mencionan algunas críticas por parte de comerciantes, y también de “habitantes de la calle”, descritos bajo las expresiones: “y hasta con la población flotante y de la calle”, “y hasta entre los recicladores” o “esa gente es gente”, incluso se muestra la foto de uno de ellos y su opinión. Otro aspecto importante, es la aseveración del sacerdote quien advierte que no se puede cometer los mismos errores que en otras experiencias de renovación “donde la gente ha sido el último punto en la agenda” y el peligro que representa su posible atomización. En el mes de mayo, aparece una noticia frente al carácter expansivo, casi contaminante de El Calvario como fenómeno directamente asociado a la delincuencia, inseguridad, deterioro y suciedad. La respuesta del gobierno es que se han hecho efectivamente operativos contra los puestos de reciclaje y venta ambulante ilegales. Además, expresan el punto de vista de algunos propietarios y comerciantes que están insatisfechos con respecto a la inadecuada y desinformada manera en que se está realizando el proyecto. En Julio, se publica un artículo destinado a abordar el proyecto del concejo que aprueba las facilidades tributarias a los inversionistas del proyecto, justificando que es necesario para poder materializar la renovación, de otra forma, sin incentivos no hay recursos privados. Incluso un concejal se refiere a la renovación como un negocio. En agosto, se anuncia el inicio de la compra de los predios que se ubican frente al Palacio de Justicia y se provee más información con respecto al proyecto. El siguiente mes, surge la polémica noticia frente a la propuesta por parte del Alcalde de crear un barrio chino como un atractivo comercial y algunas respuestas como reacción a esta sugerencia. En el mes de octubre, se anuncia el comienzo de la demolición de aquellos predios que fueron comprados dos meses atrás, y se describe algunas de las características principales de Ciudad Paraíso. Al día siguiente, se publica un artículo de la EMRU explicando el proyecto y mencionando algunas ventajas y beneficios que implicará para la sociedad en general, par los inversionistas y para quienes viven allí a través de una gestión social. Por otra parte, en la columna de opinión, uno de los jefes editoriales da su punto de vista (su visto bueno) con respecto al proyecto de renovación, además de una explicación del por qué el centro es así, deteriorado, abandonado, informal.
Esta notable transición, permite establecer algunas características frente al contexto de surgimiento y el presente estado del proyecto Ciudad Paraíso. Se parte de la mención de una zona deteriorada (el uso de esta expresión sale a relucir en sendas ocasiones) que representa un problema expresado en la caótica y trágica vida de aquellas personas que allí viven diariamente. Esto por un lado, es objeto de preocupación por parte del gobierno y se asume como algo registrable, un número susceptible de ser administrado. Por otra parte, hay una importante influencia de un discurso filantrópico, que busca generar solidaridad frente a este problema, que se ve agravado tras la tragedia de la natilla, que marca las divergencias entre quienes sienten lástima, y quienes buscan eliminar aquel grupo social a partir de estrategias específicas. Así, podemos partir de un discurso con un alto componente social, de preocupación por la calidad de vida de las personas que viven allí, y apela al sentido común del ciudadano, para que en vez de querer deshacerse de ese problema, lo asuma como algo que tiene que ser objeto de tolerancia y comprensión, alentando así, actitudes solidarias. Sin embargo, este tono es paulatinamente abandonado, abriendo paso a un nuevo problema; se trata de la informalidad, la ilegalidad, el deterioro, la inseguridad que deja entrever que efectivamente se trata de un “cáncer” del cual hay que deshacerse porque ya hizo metástasis y puede regarse más. Al mismo tiempo, surgen algunas reivindicaciones con respecto a la poca claridad que ha tenido el proceso de socialización, pero siempre es reiterada la perspectiva de la EMRU, al plantear una seguridad e inclusión en aquel proyecto. La otra transformación grande que hay que notar, es un vuelco hacia la parte de los beneficios tributarios con respecto a los inversionistas, que se presenta como una gran promoción inmobiliaria que supone ser muy rentable. Hacia el final de la revisión, surge una arremetida de información y argumentos que justifican el por qué del proyecto de renovación, al plantear múltiples beneficios para diversos sectores, con predominancia en los inversionistas, nuevamente, pero con la mención de la inclusión social de los habitantes. |
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LAS MIELES DEL PARAISO A partir de una caracterización del contexto en el que surge el proyecto Ciudad Paraíso, las formas en que se legitima como la mejor solución a un problema que se ha asumido como una recuperación de un deterioro físico y social, para transformarlo en un espacio dinámico y organizado, y un análisis de los componentes que estructuran dicho proyecto, uno puede preguntarse a quiénes se dirige el proyecto, es decir, quiénes pueden probar las mieles del paraíso, tal como es posible hacerlo, según el proyecto. Si bien, no podemos negar las constantes alusiones a la parte de “gestión social”, apoyo a la población “altamente vulnerable”, “redención social”, “salida adelante”, “resocialización” etc. no se puede desconocer por un lado, que esta situación no ha sido tan ampliamente descrita ni es tan clara como sí lo ha sido por ejemplo, el beneficio tributario. Tampoco puede olvidarse la predominancia de cierto tipo de beneficiarios que tienen prioridad en la participación del proyecto. “La prioridad la tienen los beneficiarios”, dice el gerente de la EMRU, amparado en la ley 388 de renovación urbana. Esto implica que por donde quiera que se mire, el propietario sale ganando. Pero lo que sí no tiene peso es el caso en el que exista un problema y la persona no quiera ceder, por algún motivo, su predio. En este caso, se recurre a la expropiación administrativa como mecanismo de control. Por otra parte, a las abundantes mieles pueden acceder también los inversionistas. Los dispositivos que permiten la ejecución de dicho proyecto, privilegian ciertas herramientas, tales como la gestión del suelo, un medio para generar plusvalía a partir de un terreno que, por ser considerado deteriorado, disminuye su precio, lo cual hace tan rentable invertir allí y por lo mismo, se hace tanto hincapié en su promoción. Los comerciantes son tenidos en cuenta de una forma menos clara, en la medida en que el proceso de socialización transcurre, también se muestra inconformidad y reclamo por parte de quienes aún no tienen muy claro qué es lo que va a pasar con ellos. Uno de los intereses principales de Ciudad Paraíso es la redensificación del centro. ¿Pero quiénes están llamados a habitarlo? Si uno se fija en el discurso del gerente de la EMRU, cuando se refiere al Búnker de la Fiscalía, notamos una caracterización ideal del tipo de vida que corresponde a esa estructura física: “Usted se imagina uno, viviendo cerca del trabajo, siendo uno funcionario o del Palacio de Justicia o del Búnker de la Fiscalía, teniendo una plataforma o un centro comercial con una estación integrada al Sistema de Transporte Masivo, ¿Quién no quisiera vivir en el centro? Maravillosa proyección de la vida en esas condiciones; una ciudad con todos los servicios a la mano, pero parece que a Yecid se le escapa de aquella delirante caracterización, la población que no puede ni siquiera soñar con ser funcionarios del lugar que va a reemplazar su vivienda y su lugar de trabajo. Queda entonces una sensación extraña frente a este proyecto. Ciudad Paraíso, en este esfuerzo analítico parece partir de un juego de palabras cuya lógica es la antítesis, la oposición. Se busca la parte positiva (el ideal) de El Calvario desde su nombre hasta su organización, su población su administración y el tipo de vida que es posible tener: de El Calvario al Paraíso, del comercio informal a la presencia del comercio organizado, de la drogadicción y delincuencia a la inserción exitosa al mundo laboral y productivo del funcionario, del hacinamiento y la suciedad a la vivienda perfectamente organizada, y así pasando por la eliminación de la diversidad del transporte público al único sistema de transporte masivo, entre otros aspectos. Por otra parte, el juego también puede entenderse, como una tendencia hacia la priorización de la dimensión económica y comercial que supone la gran cantidad de beneficios que puede implicar invertir en el proyecto Ciudad Paraíso. ¿Se podría decir que tiene algo que ver el paraíso con un paraíso fiscal? No olvidemos la importancia de la reciente aprobación por parte del Concejo del Acuerdo que permite la exención del impuesto Predial y de Industria y Comercio. Además de la congelación del estrato uno por cinco años. Este análisis permite reconocer en qué medida, este evento particular: la renovación urbana del centro de la ciudad, está evidenciando una transformación en la manera en que para el ciudadano de la ciudad, puede comprenderse tanto lo que sucede, entender la situación, identificarla como problemática, asumir su solución como la mejor solución, en la medida en que apunta a un ideal de ciudad moderna que puede alcanzar. Pero también deja ver su lógica interna, una dinámica que parece privilegiar más el valor económico y los beneficios para cierto tipo de población más que otros. |
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EL ATRASO
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BUNKER DE LA FISCALIA
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DETERIORO
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ESTACION HIPERMERCADO
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Apartes del Programa El Ágora |
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LAS FICHAS CLAVES Es necesario considerar qué es lo que se está proponiendo como renovación específicamente, ya que nosotros podemos asumir ciertas cosas con respecto al discurso y justificaciones que amparan una recuperación, por ejemplo el espacio público, el acceso y la inclusión, entre otras. Pero otra muy diferente es la propuesta específica y los dispositivos de control y administración de aquello que corresponde a dicha recuperación. Veamos qué elementos centrales conforman Ciudad paraíso. Además de las zonas de vivienda y de espacio público y mixtas, hay dos ejes que articulan fuertemente el proyecto, que se asumen como piezas esenciales. Se trata del Búnker de la Fiscalía por un lado y la gran estación del MIO con un centro comercial por el otro. El Búnker de la Fiscalía, tan como lo mencionan, se realizará con presupuesto nacional y va a estar al frente del Palacio de Justicia (que tras el atentado ocurrido hace un par de años, necesita una intervención urbana). Esta cercanía institucional se proyecta como la consolidación del Servicio de Justicia. Es decir, que se espera conformar un epicentro especializado que aglutine actividades institucionales y un gran número de funcionarios.
La estación-hipermercado. Este segundo componente es muy importante porque evidencia la manera en que se concibe como algo soñado, anhelado, deseable, el hecho de poder tener una estación del Sistema de Transporte Masivo junto con una plataforma comercial, (hipermercado, supermercado o centro comercial). Una de las justificaciones consideradas en el proyecto de renovación como función necesaria, es contribuir a la movilidad urbana. (Teniendo en cuenta además, que el socio principal del proyecto es Metrocali.)
Una de las razones por las cuales se torna necesaria una ampliación de las estaciones de la zona céntrica, es la cantidad de personas que allí circulan, lo cual supone hacia el futuro un colapso dentro de las mismas. Y no es de extrañarse un argumento tan fuerte frente al colapso si se toman medidas como la anunciada el 17 de noviembre de 2010, con respecto a la segunda fase del Sistema Integrado de Transporte Masivo MIO y la consecuente reestructuración de 114 rutas de transporte público, que ahora tienen que acortar sus recorridos, llegar al centro y devolverse. Por lo tanto se justifica una gran estación y por qué no, un gran centro comercial.
Pero, ¿por qué una plataforma comercial? Si nos fijamos en el discurso que presenta los aspectos negativos del centro en la actualidad, nos topamos frente a un argumento cuya centralidad es el negativo aspecto comercial que allí pervive. Por un lado, se expone que dicho comercio es “altamente complicado”. Lo es en la medida en que su acceso es difícil, para quienes no tienen donde parquear sus vehículos (asumiendo además que la mayoría de la gente que va al centro para el consumo, lo hace mayoritariamente en un medio de transporte particular). Por otro lado, se asume la no organización del comercio como otra explicación de lo complicado. Es decir, el comercio informal. A esto se le suma la inseguridad, la violencia y la drogadicción como aspectos que inciden directamente en la disminución de personas que van al centro.
Frente a la inminencia de una ciudad que es monocéntrica, porque hay un desplazamiento hacia este sector central, pero que al mismo tiempo presenta una curva de “caída libre” y una afirmación sobre la gente que “va cada vez menos al centro”, existe un evidente desbalance entre estos argumentos. Pero, ¿estamos seguros de que se trata de lo mismo? Si nos fijamos, estas dos dinámicas comerciales no se corresponden, ya que el comercio informal, desorganizado no tiene que ver directamente con el precio del suelo, que si se está viendo afectado, pero que de ninguna manera afecta a todas las personas, solo a sus propietarios y quienes pueden verse interesados en su inversión y ganancia. Entonces se está abogando por un discurso público que apela al interés común de los ciudadanos que tienen que ver con el proyecto porque el centro aglutina una cantidad de actividades comerciales, pero en realidad al interés que está siendo apelado es el de los inversionistas y propietarios, unos que pueden tener una gran oportunidad de apostarle a un negocio inmobiliario que genera unas plusvalías, gracias al dispositivo de gestión de suelo y otros a quienes se les puede devolver el derecho de propiedad sobre el suelo y su tiquete de entrada al mayor beneficio en el proyecto.
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